Contra la intuición

Cinemascope, Spring, 2006, issue 26

Por David Bordwell .

Traducción del inglés : Alejandro Labonne

La crítica cinematográfica se situa en el centro de casi todo discurso intelectual sobre el cine, y si la consideramos como el deseo de conocer con mayor profundidad una película en particular, probablemente merece tal sitio. Pero la crítica contemporánea está fallando. En el ámbito académico tan sólo se estudia la película X a través de la teoría Y con la esperanza de que, de alguna manera, este ejercicio produzca una emancipación política. Por otro lado, las revistas de cine promueven una no conformidad pagada de sí misma que aprecia sobre todo el verboteo y el juicio disparado.

Leemos ensayos buscando información, ideas, opiniones y una buena prosa. La crítica exagera las opiniones para crear la persona del crítico profesional. Rápidamente, las opiniones se cristalizan en gustos y la persona oculta la película. Reconozco la presión: Los lectores, de todos los níveles, no toman al cine con la misma seriedad con la que se toma a la arquitectura o a la música, por lo que el periodismo cinematográfico está obligado a ser superficialmente entretenido, lo que periodistas de otras artes no están obligados a hacer.

Los hechos están ausentes de la mayor parte de la crítica de cine actual -a parte del barboteo de los festivales y las pláticas anecdóticas- lo mismo que las ideas fértiles. Léase, digamos, Rivette sobre el cine en la pantalla gigante, o Sontag sobre Bresson, o Bazin sobre cualquier tópico y se estará de acuerdo en que la mayor parte de la crítica actual ha abandonado la prueba por la pose. Pareciera que se tiene una sola idea sorprendentemente banal : que existe un Zeitgeist y que el cine lo refleja.

Los escritos académicos, se podría pensar, van hacía la otra dirección sobre valorando las ideas y la información. En realidad, el prestigioso diálogo académico está empapado de opiniones. La teoría es una cuestión de gusto : Tú dices Virilio, yo digo Deleuze. La mayoría de los académicos no examinan críticamente las doctrinas que aplauden. Muchos rechazan las demandas de pruebas como signo de “empirismo” y cuando las ofrecen éstas son, la mayor parte del tiempo, ténues o tendenciosas. Los académicos también se basan en explicaciones de tipo Zeitgeist por lo que muchos académicos parecen ilustrar el sofisma Nietzchiano que dice que para muchos las aguas turbias parecen profundas.

Curiosamente, los ensayos académicos sobre el cine también comparten con el periodismo crítico la creencia en la creación intuitiva. Esta es una de la razones por las cuales la teoría es dirigida por la moda. En el momento en que una gran doctrina se ha vaciado de sus intuiciones, se pasa a la siguiente. Pero, ¿qué es una intuición? ¿es un pellizco o un roze? ¿o es más bien una corazonada- algo que debería ser investigado, analizado y comprobado? Los intelectuales deberían convertir las intuiciones en ideas claras, en información verificable o en opiniones matizadas. Pero ni los periodistas críticos, ni los escritores académicos hacen esto.

Conforme envejezco, estoy menos interesado en las opiniones – no importa quien las sostenga- y más atraído por las ideas y la información; la excelencia en la escritura me conmueve aún (Dwight MacDonald, por ejemplo, quien creo algunos de los mejores Zeigeists sobre el cine jamás escritos), pero también quiero aprender hechos aproximádamente reales sobre el cine, y esto requiere ir más allá de lo que los modelos actuales sobre la escritura fílmica nos ofrecen. Podríamos, por ejemplo, aspirar al poder de los ensayos científicos. ¿Por qué no podría un libro sobre el cine lograr le rigor y la lucidez que iradia Guns, Germs and Steel de Jared Diamond, o Nature via Nurture de Matt Ridley, o Ant and the Peacock de Helena Cronin. Más cerca de nuestro dominio, las otras artes nos han dado ensayistas que han escrito con una profunda sensibilidad de la historia y de la técnica. Charles Rosen sobre la música, Jacques Berzun y W. H. Auden sobre la literatura y Robert Hughes sobre la pintura, todos nos han dado no solamente opiniones vigorosas sino también hechos poco conocidos e ideas provocativas: aún aprendemos de ellos.

Mi crítica ha sido extensa y quizá suene más amarga de lo que habría deseado. Existen críticos académicos y periodísticos buenos. Sin embargo, hasta donde yo sé, no se ha producido lo que quisiera ver. La literatura fílmica que tengo en mente sería ensayística, pero tendría una sólida infraestructura de hechos, sería conceptualmente intrépida y salpicada de sutiles opiniones defendibles. Sus juicios serían matizados gracias a un conocimiento de la historia del cine, de su technología y de su economía, lo mismo que de sus autores. Añadido a esto una escritura graciosa y un estilo sazonado con cierto humor y libre de anécdotas vanagloriosas. Entonces tendremos una crítica en toda la extensión de la palabra, mejor que la que encontramos actualmente y sobre todo, digna del arte que amamos.

Publicités

Laisser un commentaire

Entrez vos coordonnées ci-dessous ou cliquez sur une icône pour vous connecter:

Logo WordPress.com

Vous commentez à l'aide de votre compte WordPress.com. Déconnexion / Changer )

Image Twitter

Vous commentez à l'aide de votre compte Twitter. Déconnexion / Changer )

Photo Facebook

Vous commentez à l'aide de votre compte Facebook. Déconnexion / Changer )

Photo Google+

Vous commentez à l'aide de votre compte Google+. Déconnexion / Changer )

Connexion à %s

Propulsé par WordPress.com.

Retour en haut ↑

%d blogueurs aiment cette page :